
Entras en mi vida suave, despacio, como lo hacen las grandes orquestas, aunque yo nunca pensé que estaría presente en el momento en el que todos los instrumentos se pusieeran a tocar, sin embargo, estuve en primera fila, viendo como ya estabas dentro de mi vida, desorganizando mi cabeza, alborotando el cuarto principal de mi habitación, ese que en un principio era de invitados y ahora pareces el dueño de la casa. Yo nunca quise darte ese privilegio, pero el servicio, mis manos y mis ojos así lo quisieron. No me dieron opcion, sin embargo, si hubiesen hablado con la razón te hubiera hecho partícipe de no entrar tan dentro, de procurar guardar las distancias, porque sabía qué me podría traer, Al borde de este acantilado que ahora me encuentro y ahora ya no se actuar.No creo que deba dr un paso más y ver si abajo es cierto que el agua es claro, pero tampoco puedo retroceder despueés de todo lo que he andado hasta llegar aquí.
Quizá me siento a ver donde acaba el final del mar.